Un seminario que empieza por uno mismo
Termino este seminario profundamente agradecida, reflexiva y comprometida. Al inicio pensé que sería más teórico, como si me fueran a decir el ABC sobre cómo manejar las conductas y emociones de los niños. Sin embargo, desde la primera sesión me llegó al corazón recordar que los seres humanos somos una suma de muchos factores que se van construyendo con el tiempo, y que, como madres, padres y adultos responsables de las infancias de esta generación, lo más importante es empezar por nosotros mismos.
Aprendí que siempre hay esperanza y que nunca dejamos de aprender. En mi caso, como mamá de dos hijos —uno en etapa preescolar y una hija con una condición de salud que implica retos físicos y emocionales para ella y para toda la familia—, comprendí que debo seguir trabajando en mi escucha, en mi paciencia y en el proceso de duelo que atravieso.
Estrés, emociones y conciencia cotidiana
Uno de los aprendizajes más reveladores fue la clasificación del estrés. Reconozco que mi personalidad y mis circunstancias me llevan a experimentar altos niveles de estrés, que inevitablemente transmito a mis hijos. Poder diferenciar entre estrés positivo, tolerable y tóxico me ha ayudado a estar más consciente del momento en que deja de ser funcional y comienza a afectarnos.
También reflexioné sobre la importancia de crear momentos familiares significativos que no necesariamente sean costosos o elaborados. Muchas veces, los más sencillos son aquellos con los que logro una conexión más auténtica con mis hijos.
En cuanto al manejo de emociones, sigo trabajando en validar lo que sienten y en ser consciente de lo que hay detrás de sus conductas. Me encantó una tabla sencilla que nos compartieron, que permite acompañar sin reaccionar de manera impulsiva ante comportamientos que solemos etiquetar como “malos”.
Regulación emocional, lenguaje y duelo
Este aprendizaje se conectó profundamente con la sesión sobre regulación emocional. A veces somos verdaderos analfabetas emocionales. Creo firmemente que mientras más amplio sea nuestro repertorio de palabras para nombrar emociones, mejor podremos expresar lo que sentimos y ayudar a que nuestros hijos hagan lo mismo.
Aprendí a guiarlos cuando una situación les genera malestar: validar lo que sienten, identificar hasta qué punto pueden cambiar la situación y, cuando no es posible, acompañarlos en lo que ese sentimiento les provoca. Herramientas como la técnica de la abeja para ellos y la técnica PARAR para adultos han sido sumamente valiosas; de hecho, ya las he puesto en práctica varias veces.
Ser consciente de lo que me detona emocionalmente y trabajar en mi propia autorregulación es clave si quiero que mis hijos también desarrollen esa habilidad.
La última sesión, dedicada al duelo, cerró esta experiencia de una manera profundamente humana. Todos vivimos duelos constantemente, y aún más cuando se trata de la pérdida de un ser querido. Escuchar sobre este tema fue especialmente significativo para mí, tras la reciente muerte de mi papá y las distintas formas en que cada miembro de mi familia expresa su dolor. Me ayudó enormemente saber que lo que siento es normal.
Un camino que continúa
Me encantaron todas las dinámicas del seminario, en especial la de las palabras de aliento. Hoy llevo conmigo frases que repito en mi mente y en mi corazón, y que me recuerdan que somos seres humanos sensibles, cada uno con su propia historia, pero unidos por la necesidad de sanar y de conectar con otros.
Mis planes de crecimiento incluyen seguir estudiando el material del seminario, ponerlo en práctica de manera constante y motivar a otras mamás a tomarlo. En lo profesional, como psicóloga, también integraré estos aprendizajes en mis consultas.
Estoy profundamente agradecida por que esta propuesta haya llegado a la comunidad Harmony y por haber sido parte de este seminario. Deseo de todo corazón que siga extendiéndose a muchas generaciones más. Gracias sinceras y felicidades a todo el equipo.
Por Jacinta Monteverde
